Quiénes son los culpables?

BRINDIS

Las imágenes valen más que mil palabras, por lo que una viñeta de un periódico o una foto pueden constituir una poderosa herramienta en manos de propagandistas. Por eso, cuando vi la imagen del cadáver del pequeño niño en una playa turca no me invadió, como pretende la propaganda oficial en Europa, un sentimiento de “vergüenza”, no.

Primero sentí una inmensa y amarga pena por algo tan contra natura; esto es, que un niño, pleno de vida, tan parecido a los que me son cercanos, yazca a merced de las aguas de esa manera tan cruel. Luego me inundó una rabia amarga cuando reparé en todos los que han hecho posible esta y otras tantas muertes parecidas. No se qué es más letal, si la maldad o la estupidez humana.

Confieso que es un problema que no me siento capaz de resolver. Ahora se escriben toneladas de artículos más o menos fundados en hechos reales, contando casi al minuto el “drama de la inmigración”. Programas de televisión y de radio hacen lo mismo. Un buen porcentaje de toda esta “información” versa sobre el cadáver del pequeño Aylan y la casi totalidad es basura periodística. ¿Por qué? Pues porque cumple la ahora funesta labor de hacer olvidar el motivo por lo que esto ha sucedido.

He escuchado a Luis del Val en la COPE declamar uno de esos textos lacrimógenos, supuestamente “informativos”, destinados a culpabilizar a todo el mundo en abstracto. El diario El Mundo publica en la misma línea un chiste en el que dos europeos, delante de un refugiado sirio, dicen que pueden ser “más solidarios” por tener “otro criado”.

El diario El País, menos rupestre, publica un editorial infame pidiendo que Europa haga “de la necesidad virtud”, mire “a largo plazo” y asuma que va a necesitar contingentes migratorios para “avanzar en la unión” de Europa. Todo esto tiene un denominador común: no hay un hálito de racionalidad en torno a por qué ha pasado todo esto.

Es muy fácil encontrar estiércol impreso similar en todo el espectro periodístico español: desde La Razón hasta las comunidades autónomas regidas por “candidaturas de unidad popular”, todos instilan el mismo aborregamiento, el mismo embrutecimiento de una propaganda que no deja un atisbo a la luz de la razón y de la reflexión. La cosa no proviene de aquí, claro esta, porque todo este alud de mentiras proviene de consignas mundiales fraguadas en laboratorios de ideas.

Así, en los EEUU, los proponentes y acérrimos defensores de los cuatro años de “desestabilización” y “cambio de régimen” para Siria, se agolpan ahora para explicar en sus términos la crisis de los refugiados. En elInternational Bussiness Times del pasado día 1, James Bloodworth ha afirmado que “la escalada de la crisis de los refugiados se debe sin duda a la cruel indiferencia hacia la gente más vulnerable por parte de ciertos gobiernos europeos, incluyendo el nuestro. Pero recordemos cuantos de ellos se lamentan hoy a la vista del cadáver del niño y que en 2013 se mostraban felices cuando el parlamento votó a favor del apaciguamiento (“appease”) del dictador brutal del que escapan todos esos desgraciados”.

Por supuesto, eso no es sino una repugnante mentira que intenta aprovechar el poder de las imágenes –por ejemplo, la del pequeño Aylan– a favor de la política que, principalmente, el Reino Unido, los EEUU y tras ellos caso toda la UE, han venido siguiendo desde 2011. El problema es que la familia del pequeño náufrago no huyó de Siria en 2007 ni en 2008. Tampoco en 2011 ni siquiera en 2012. Esa familia ni tampoco el resto de cientos de miles de refugiados se marcharon de la Siria de Bassar el Assad, sino de la horda de yihadistas respaldados por los EEUU y el Reino Unido, que han convertido a ese país de Oriente Próximo en otra Libia.

Para ilustrar el apoyo dado por EEUU y su satélite británico a los yihadistas de los que huyen los refugiados, puede leerse multitud de material. Como ejemplo, remitimos al lector al artículo de Yaroslav Trofimov el pasado 11 de junio en The Wall Street Journal (To U.S. Allies, Al Qaeda Affiliate in Syria Becomes the Lesser Evil As Islamic State gains ground, calls to reach out to the Nusra Front intensify).

¿Qué por qué los EEUU han apoyado y sostenido la guerra civil en Siria? Eso es otra historia, que diría Kipling, pero se sustenta en los mismos motivos que llevaron a la invasión de Irak. El caso es que los refugiados –y por consiguiente la muerte del pequeño Aylan– no son consecuencia de la política interior de Bassar el Assad ni tampoco de las leyes migratorias europeas, sino que son consecuencia de la política exterior norteamericana y de sus aliados.

Por eso resulta especialmente asqueroso oír que David Cameron está “conmovido” tras ver la terrible foto. También cuando uno escucha al presidente italiano decir que esas imágenes las tienen “todos los días” en Italia, refiriéndose a los náufragos que buscan arribar a Lampedusa. Podía haberse referido a los muertos civiles, muchos de ellos niños, que mueren todos los días en los bombardeos diarios de la coalición internacional liderada por los EEUU en suelo sirio, en medio de una guerra que los EEUU han provocado para propiciar el “cambio de gobierno”.

En el artículo de Mike Giglio titulado The U.S.-Led Coalition Bombing Syria Has Killed More Civilians Than It Admits, escrito en Iskenderun, Turquía, para el medio digital BuzzFeed.com el lector podrá ver las fotos de otros niños muertos en el curso de incursiones aéreas de la coalición internacional. Estos niños, claro está, no cuentan porque no contribuyen a la farsa de la “lucha contra la dictadura” y en defensa de “la democracia”, difundida por los medios occidentales.

El hecho es que la foto de un pequeño inocente, en absoluto responsable de la maldad y de la estupidez de los políticos occidentales, está siendo utilizada para contribuir a crear el clima de opinión favorable a la recepción de una inmigración sin control. Esto, como ya hemos dicho hasta la saciedad, solo beneficia a los plutócratas, occidentales o no, y a todos los que quieren sumirnos en la balcanización multiétnica como manera de destruir lo que va quedando del estado de bienestar y de las propias identidades nacionales.

La propaganda solo es eficaz sobre unas masas idiotizadas y desinformadas hasta la saciedad, que piden a sus gobiernos que “hagan algo”. El problema es que sus gobiernos –por acción u omisión- llevan ya años “haciendo algo” en Siria. Ellos no lo saben y eso es lo peor. Por eso resulta obsceno que los que crearon el problema vengan ahora a proporcionarnos también las soluciones.

Anuncios

La crisis migratoria.

immigrati

Resultan estremecedoras las imágenes de los cadáveres apiñados en el camión de Austria, lo mismo que resulta lamentable la visión de familias enteras hacinadas en los campos de refugiados improvisados en Europa del este.

La prensa internacional ha difundido la noticia -y los análisis subsiguientes- todo en el mismo sentido: Europa tiene la culpa, una vez más, por no saber dar una respuesta unitaria y, sobre todo, por no ser eficaz.

La idea subyacente es que debe acogerse en calidad de refugiado a todo el que lo solicite. De lo contrario se incurre en el pecado de “xenofobia”, “racismo” y demás; es decir, se sale fuera de los límites de lo tolerable.

Tras esa línea roja –sobre la que están de acuerdo desde Podemos al PP– solo existe el ninguneo, la desconsideración absoluta y, a veces, el código penal. Este es un enemigo al que nadie quiere enfrentarse. Pese a que no se trata de una persecución con bandas de facinerosos dispuestos al saqueo y al asesinato -al estilo de la II República española-, el hecho es que nadie soporta ser considerado un réprobo, un “extremista” indigno hasta de un saludo amistoso.

El chantaje sirve para que nadie saque los pies del tiesto y para que se garantice una sorprendente unanimidad: el que se oponga al consenso general no merece ni el aire que respira. Y como esto genera terror el “establishment” mediático mundial ha improvisado un terrorismo de la virtud harto sutil pero clarísimo.

Mostrar una familia con niños llorando mientras cruzan una alambrada de espinas toca el corazón de cualquiera y la sutil acusación se levanta contra los que interpusieron ese alambre de espinas, naturalmente.

Ayer, día 28, la viñeta de JM Nieto en ABC mostraba un tétrico policía que custodia una alambrada de espino bajo un cartel que pone “Europa”. Ante él unos simpáticos personajes -todo cien por cien maniqueo- comentan “perdone, pero me cuesta seguir el hilo de sus razonamientos”. En el editorial se explica: “La UE solo se mueve a golpe de tragedia”.

Véanse otros medios -prensa de izquierdas como El Mundo o El País pero también La Razón– y podrá leerse una argumentación similar con variantes en intensidades y matices. Todo esto no es más que terrorismo de la virtud, nacido en el clima de esa profunda corrupción intelectual que vivimos.

Con él la prensa española ha alcanzado quizás uno de los límites más abyectos de su trayectoria en democracia. Porque lo sorprendente de todo esto no es que en 2015 hayan llegado a Europa 300.000 refugiados en condiciones penosas. Lo alucinante es que nadie, absolutamente nadie, se ha preguntado por las causas de ese éxodo y, sobre todo, por los responsables concretos.

ABC explica en su editorial: “Mientras no se resuelvan los conflictos de Siria y Libia, la corriente migratoria nunca se detendrá”. Olvidan cómo se apoyó y defendió, por ejemplo, la caída del régimen de Bassar el Assad, solo porque era enemigo de Israel.

Me pregunto dónde están ahora los ardientes defensores de las “primaveras árabes”, los que celebraban la llegada de la “democracia” a no se qué país o los que quieren que Ucrania ingrese en la OTAN aún a costa de desencadenar una guerra con Rusia. Porque ellos sin duda tienen una responsabilidad en todo esto: las situaciones generadas, lejos de traer una idílica democracia estilo suizo, han traído, como sucedió con la guerra de Irak, situaciones altamente inestables y conflictos bélicos interminables.

Todo esto es responsabilidad de las democracias occidentales. Ahora la solución es “acoger” a los miles de refugiados que llegan… hasta que los medios nos vendan la próxima “primavera” de no se qué color para instaurar la democracia en no se sabe bien qué región, con la misma tradición democrática que el desierto de Gobi. Apuesto que no se les moverá un músculo a la hora de vender esta nueva moto.

Nuestra clase dirigente, que se oculta tras un entramado de políticos e intereses mediáticos y financieros, es el paradigma de aquella denuncia del hoy denostado Vázquez de Mella: poner un trono a las causas y un cadalso a las consecuencias.

Lo malo es que las consecuencias pueden acabar con nosotros: es decir, con Europa y con Occidente. África puede mandar el mes que viene 100 millones de “refugiados”. ¿Alguien puede creer que esto no cambiará nada? ¿Alguno puede pensar que esto detendría la cosa?

Incluso un diario digital, valioso y valiente como Hispanidad se ha dejado poseer por la locura colectiva: “Lo hemos repetido muchas veces en Hispanidad pero tiene más valor que lo diga el observador permanente vaticano ante Naciones Unidas, monseñor Silvano Tomasi: hay que aceptar al emigrante pero éste, a cambio, debe respetar la religión y los valores del país que le acoge. Por lo demás, fronteras abiertas”. O sea, como Podemos, “papeles para todos”.

El problema es que mientras tú sí puedes elegir a quién acoges y a quién no, dejas de estar en situaciones de exigir “respetar la religión y los valores del país que acoge” cuando los recién llegados pasan de un cierto número. Esto enseña la Historia y la experiencia. Al final, solo se beneficia el capitalismo, que utiliza la inmigración como ariete contra las identidades, contra los países y contra el Estado de bienestar que garantiza nuestra libertad y, en definitiva, lo que somos.

Eduardo Arroyo

El espaviento solidario

Kinan Masalemehi, un adolescente de trece años, hace un dramático llamamiento para explicar que la comunidad siria no quiere irse de su país, sólo quiere que paren la guerra.

Kinan Masalemehi, el adolescente de trece años, que hizo un llamamiento para explicar que la comunidad siria no quiere irse de su país, sólo quiere que paren la guerra.

Ya nos advertía Léon Bloy que «la mala conciencia suele agitar los aspavientos más sensibleros». Ha bastado que se publicase la foto del niño ahogado, Aylan Kurdi, para que los capataces de las colonias democráticas de la Unión Europea se hayan puesto a lloriquear como plañideras. Son los mismos que han permitido, auspiciado y promovido una guerra en Siria que ha acabado con la vida de miles de niños como Aylan: una matanza que estos capataces, como obedientes lacayos de los Estados Unidos, nunca han deplorado, porque había que «llevar la democracia» a Siria, para convertirla en otra colonia sobre la que campease la bandera de los derechos humanos y demás bonitas entelequias con que el Nuevo Orden Mundial disfraza su hambre de Dinero. Ahora, después de haber financiado y armado a los yihadistas llegados a Siria desde los más variopintos lugares (incluidas, por cierto, las colonias democráticas de la Unión Europa, prolífico vivero de fanáticos mahometanos), nuestros capataces, tras lloriquear ante la foto de Aylan Kurdi, se han mostrado dispuestos a acoger la avalancha de refugiados sirios que invade Europa. Con razón estos capataces solidarios no dejan que se publiquen fotos de los niños triturados en los abortorios. ¡Si mañana se llegase a publicar alguna empezarían también a lloriquear, y habría que dejar que esos niños naciesen!
Este aspaviento solidario de los capataces de las colonias democráticas de la Unión Europea nos recuerda aquella socarronería malvada del ciego del Lazarillo, que después de descalabrar al protagonista con una jarra de vino se burlaba de él, mientras le curaba con vino las heridas, diciéndole: «¿Qué te parece, Lázaro? El mismo vino que te enfermó te cura y da salud». Creer que el causante de una calamidad pueda darle luego solución es locura; y mucho más si el causante no ha abominado de sus errores. En el caso de los capataces de las colonias democráticas de la Unión Europea el peligro es aún mayor, pues todos sabemos que son gentes ineptas, flojas y serviles que, puestas a ser solidarias, pueden llegar a provocar las tragedias más desgarradoras, mientras lloriquean ante la foto de Aylan Kurdi. Más les valdría escuchar las palabras de otro niño sirio, Kinan Masalemehi, que en la frontera de Serbia con Hungría exhortaba a los capataces: «Nosotros no queremos ir a Europa. Simplemente queremos que paréis la guerra».
Pero, para parar la guerra, los capataces solidarios tendrían que retractarse de su error; y, a continuación, enviar tropas a Siria, para combatir a los fanáticos a los que antes han financiado y armado. Y ya se sabe que es propio de capataces «sostenella y no enmendalla»; mucho más resultón resulta posar de solidarios ante la galería, abriendo las fronteras a la avalancha humana que ellos mismos han causado. Por supuesto, nuestros solidarios capataces saben bien que esa avalancha humana no podrá sobrellevar una vida mínimamente digna en las colonias democráticas de la Unión Europea (y también saben, por cierto, que en esa avalancha humana pueden ir mezcladas gentes de todos los pelajes, incluidos islamistas de la peor calaña); pero nuestros capataces solidarios saben que gobiernan sobre masas cretinizadas que actúan como el perrito de Paulov, dejándose «conmover» por una foto del niño Aylan Kurdi, o por la imagen de los refugiados a los que se les abren las fronteras. Que luego esos refugiados estén condenados a la mendicidad y a la delincuencia, o que estas migraciones masivas contribuyan a la expansión de la religión mahometana les importa un bledo, como les importa un bledo el futuro de las masas cretinizadas a las que gobiernan. Lo importante es salir en la foto y esconder la mala conciencia con aspavientos sensibleros.