La crisis migratoria.

immigrati

Resultan estremecedoras las imágenes de los cadáveres apiñados en el camión de Austria, lo mismo que resulta lamentable la visión de familias enteras hacinadas en los campos de refugiados improvisados en Europa del este.

La prensa internacional ha difundido la noticia -y los análisis subsiguientes- todo en el mismo sentido: Europa tiene la culpa, una vez más, por no saber dar una respuesta unitaria y, sobre todo, por no ser eficaz.

La idea subyacente es que debe acogerse en calidad de refugiado a todo el que lo solicite. De lo contrario se incurre en el pecado de “xenofobia”, “racismo” y demás; es decir, se sale fuera de los límites de lo tolerable.

Tras esa línea roja –sobre la que están de acuerdo desde Podemos al PP– solo existe el ninguneo, la desconsideración absoluta y, a veces, el código penal. Este es un enemigo al que nadie quiere enfrentarse. Pese a que no se trata de una persecución con bandas de facinerosos dispuestos al saqueo y al asesinato -al estilo de la II República española-, el hecho es que nadie soporta ser considerado un réprobo, un “extremista” indigno hasta de un saludo amistoso.

El chantaje sirve para que nadie saque los pies del tiesto y para que se garantice una sorprendente unanimidad: el que se oponga al consenso general no merece ni el aire que respira. Y como esto genera terror el “establishment” mediático mundial ha improvisado un terrorismo de la virtud harto sutil pero clarísimo.

Mostrar una familia con niños llorando mientras cruzan una alambrada de espinas toca el corazón de cualquiera y la sutil acusación se levanta contra los que interpusieron ese alambre de espinas, naturalmente.

Ayer, día 28, la viñeta de JM Nieto en ABC mostraba un tétrico policía que custodia una alambrada de espino bajo un cartel que pone “Europa”. Ante él unos simpáticos personajes -todo cien por cien maniqueo- comentan “perdone, pero me cuesta seguir el hilo de sus razonamientos”. En el editorial se explica: “La UE solo se mueve a golpe de tragedia”.

Véanse otros medios -prensa de izquierdas como El Mundo o El País pero también La Razón– y podrá leerse una argumentación similar con variantes en intensidades y matices. Todo esto no es más que terrorismo de la virtud, nacido en el clima de esa profunda corrupción intelectual que vivimos.

Con él la prensa española ha alcanzado quizás uno de los límites más abyectos de su trayectoria en democracia. Porque lo sorprendente de todo esto no es que en 2015 hayan llegado a Europa 300.000 refugiados en condiciones penosas. Lo alucinante es que nadie, absolutamente nadie, se ha preguntado por las causas de ese éxodo y, sobre todo, por los responsables concretos.

ABC explica en su editorial: “Mientras no se resuelvan los conflictos de Siria y Libia, la corriente migratoria nunca se detendrá”. Olvidan cómo se apoyó y defendió, por ejemplo, la caída del régimen de Bassar el Assad, solo porque era enemigo de Israel.

Me pregunto dónde están ahora los ardientes defensores de las “primaveras árabes”, los que celebraban la llegada de la “democracia” a no se qué país o los que quieren que Ucrania ingrese en la OTAN aún a costa de desencadenar una guerra con Rusia. Porque ellos sin duda tienen una responsabilidad en todo esto: las situaciones generadas, lejos de traer una idílica democracia estilo suizo, han traído, como sucedió con la guerra de Irak, situaciones altamente inestables y conflictos bélicos interminables.

Todo esto es responsabilidad de las democracias occidentales. Ahora la solución es “acoger” a los miles de refugiados que llegan… hasta que los medios nos vendan la próxima “primavera” de no se qué color para instaurar la democracia en no se sabe bien qué región, con la misma tradición democrática que el desierto de Gobi. Apuesto que no se les moverá un músculo a la hora de vender esta nueva moto.

Nuestra clase dirigente, que se oculta tras un entramado de políticos e intereses mediáticos y financieros, es el paradigma de aquella denuncia del hoy denostado Vázquez de Mella: poner un trono a las causas y un cadalso a las consecuencias.

Lo malo es que las consecuencias pueden acabar con nosotros: es decir, con Europa y con Occidente. África puede mandar el mes que viene 100 millones de “refugiados”. ¿Alguien puede creer que esto no cambiará nada? ¿Alguno puede pensar que esto detendría la cosa?

Incluso un diario digital, valioso y valiente como Hispanidad se ha dejado poseer por la locura colectiva: “Lo hemos repetido muchas veces en Hispanidad pero tiene más valor que lo diga el observador permanente vaticano ante Naciones Unidas, monseñor Silvano Tomasi: hay que aceptar al emigrante pero éste, a cambio, debe respetar la religión y los valores del país que le acoge. Por lo demás, fronteras abiertas”. O sea, como Podemos, “papeles para todos”.

El problema es que mientras tú sí puedes elegir a quién acoges y a quién no, dejas de estar en situaciones de exigir “respetar la religión y los valores del país que acoge” cuando los recién llegados pasan de un cierto número. Esto enseña la Historia y la experiencia. Al final, solo se beneficia el capitalismo, que utiliza la inmigración como ariete contra las identidades, contra los países y contra el Estado de bienestar que garantiza nuestra libertad y, en definitiva, lo que somos.

Eduardo Arroyo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s