La guerra planeada.

Gerhard-Wisnewski

En una entrevista del 07.01.2015 Gerhard Wisnewski* (en la foto) hizo la siguiente afirmación sobre la llamada “guerra contra el terrorismo” iniciada a partir del 11.09.2001: Fue el resultado de un proceso sistemático de desarrollo e implementación de planes para alcanzar propósitos u objetivos de algunos políticos y expertos planificadores cercanos al Pentágono y a los denominados Neocons**. Estos habrían planeado la “guerra entre culturas” ya a principios de los 1990 como forma de sustituir el desaparecido enfrentamiento Este-Oeste, imponiendo un nuevo conflicto como forma de tensión a largo plazo. Porque estaba claro que el enfrentamiento Este-Oeste conllevaba también grandes ventajas para occidente: para la industria armamentística por un lado, para los políticos por otro, que podían así mantener al pueblo en tensión. Simplemente necesitaban un nuevo enemigo, por ahí que hayan creado la llamada “guerra entre culturas” en sustitución del conflicto  Este-Oeste. Esto se desprende del libro “Guerra de las Culturas” editado en 1996 del profesor en políticas Samuel Huntington. El había pronosticado los conflictos de raíz religiosa cuasi medievales. La mayor parte del trabajo de puesta en práctica de este nuevo conflicto correspondería a los servicios secretos occidentales, según Winsnewski, que pretenden sembrar tanto odio entre las naciones como sea posible, de forma que haga imposible la estabilidad y provoque una guerra entre culturas que se auto-alimentara por sí misma. El objetivo final es la eliminación completa de las diversas  culturas y religiones y facilitar, así, la imposición del llamado Nuevo Orden Mundial

(NWO). (Trad. Luis Cases).

 

*autor literario y de guiones para películas alemán.

** Políticos norteamericanos fuertemente ligados al sionismo que bajo el pretexto de la democracia y la libertad promueven un liderazgo global de los USA.

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La Santa Rusia de Sánchez Dragó.

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Los bolcheviques no pudieron con ella. De las cenizas del oropel soviético renació, como el oro de los alquimistas, la Nueva Roma de Dostoievski y Tolstoi, la mística de los maestros cantores del alma rusa, la sagrada misión y sublime decisión de erigirse en salvadora del mundo occidental frente a los embates del multiculturalismo que disuelve en engrudo todas las culturas, del relativismo que degrada la verdad ética y la excelencia estética, del buenismo que conduce al entreguismo, de la globalización que convierte en paletos a los cosmopolitas, del estado de bienestar que transforma en peleles invertebrados a los que maman de él, de la Europa sin atributos que baila al son del flautín de la Casa Blanca y, por supuesto, de la barbarie de la yihad…  …Hoy, frente al Isis, estamos en las mismas. Todos los políticos, menos uno, son Chamberlain. El único estadista que queda en el mundo se llama Putin. Por eso lo demonizan, por eso lo calumnian, por eso le atribuyen los crímenes que los demás cometen, por eso han orquestado contra él una de las mayores campañas publicitarias que la historia universal ha conocido, superada sólo en cuantía de inversión oligárquica y en lavado colectivo de cerebros por la que condujo al despacho oval a un fantoche llamado Obama. La agresión perpetrada por Turquía y avalada por la OTAN y el Pentágono contra el caza ruso es una declaración de guerra que sólo beneficia al Isis, a sus marcas blancas (o negras) en cuatro continentes y al proyecto de que el imperio otomano vuelva a ser hegemónico en el Islam. Ayer hubo varias manifestaciones buenistas de tontos útiles arrodillados frente a las bocas de los kaláshnikov que los acribillarán. Todos eran Chamberlain. Les dicen sus rabadanes, y ellos los creen, que es la hora de los políticos. Mentira. Es la hora de los militares. Es la hora de releer a Spengler. Es la hora de recordar que cuando la civilización está en peligro, es un pelotón de soldados quien la salva. Es la hora de Putin. Es la hora de la Santa Rusia. Menos mal que nos queda Moscú, pues quizá, gracias a eso, también nos quede París.