La descomposición de una sociedad que era sana.

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Das institut für Sozialforschung en 1924.

Como continuación a mi último artículo sobre la Escuela de Frankfurt y su maligna influencia marxista en nuestra sociedad, me gustaría añadir algunos datos más sobre esa supuesta escuela y sobre todo de Volkmar Sigusch. Éste último, al igual que otros “protegidos y aupados”, fue impulsado desde muy joven a puesto muy altos. Tienen buen “olfato” en esa escuela para elegir lacayos y ya en 1972 llegó a ser el primer profesor en “sexología”, ya que esa materia docente no existía previamente. De todas formas, creo que la “disciplina” de “sexología” merece una cierta discusión.
De entrada, creo que no puede ser descrita como una “disciplina judía” de la misma forma que sí se puede decir del psicoanálisis. Más bien fue una disciplina que empezó con raíces tanto judías como no, siendo con el tiempo aspirada por los primeros y usada desde entonces para los intereses de esos señores. Es sabido que el primer estudio académico serio sobre patología y psiquiatría sexual, se atribuye a Richard von Krafft-Ebing (1840-1902). En su obra “Psychopatia Sexualis” de 1886, el autor clasifica la homosexualidad como una perversión y “la mayoría de sexólogos siguiendo su estela la juzgaron como patológica”. Uno de sus seguidores fue el inglés Havelock Ellis (1859-1939), que es considerado como uno de los fundadores de la sexología moderna. Y éste denominaba la homosexualidad como “inversión sexual” y la dividía en cuatro fases:
1ª) Simple perversión del instinto sexual, pero que no deforma la personalidad misma
2ª) Aquí se da el afeminamiento en la cual la personalidad del individuo se armoniza con su nuevo instinto sexual.
3ª) Aquí el individuo llega a lo que Ellis llama “metamorphosis sexualis paranoica” y sufre la desilusión de que debería haber un cambio de sexo.
4ª) En la última es la explosión de la “metamorphosis sexualis paranoica” donde las desilusiones son ya sistemáticas por un cambio de sexo hasta su realización. Un ejemplo actual de esta fase podría ser el famoso/famosa Bruce/Caitlyn Jenner.
Se podrá estar de acuerdo o no con lo que decían estos estudiosos, pero lo cierto es que estos hombres categorizaban los problemas, analizaban datos durante largos períodos de tiempo, comparaban, utilizaban la estadística de forma seria y se tomaban su trabajo como algo que podía resultar en la mejora de las personas y la sociedad. Ellis y von Krafft-Ebing coincidieron en que la homosexualidad era un desorden “que indicaba un signo de degeneración, como una manifestación parcial de un estado de neuropatía y psicopatía”.  De hecho, llegaron a determinar que poco se podía hacer para ayudar al invertido congénito y que los homosexuales deberían de estar apartados de los niños, según demostraban estudios llevados a cabo, ya que pasarían su “perversión adquirida a otros” por la vía del abuso. Si eso se controlase, se reduciría rápidamente la “homosexualidad artificial entre la población”. Para Ellis, los debates sobre la tolerancia al comportamiento homosexual deberían ser sacados de la esfera religiosa y moral y ser llevados a la esfera de la demografía y la salud nacional. Toda esta erudición, pruebas y datos estadísticos, eran opuestos a la cultura homosexual que ha ido en aumento y de forma dominante por intelectuales judíos desde la contra-cultura de los 60’s. y que ha barrido todos estos estudios (ver: http://www.intmensorg.info/hlm.htm)
Esta preocupación demográfica era vital en la interpretación y visión de los sexólogos no-judíos. Desde que se permitió la expansión de la homosexualidad por la vía de la moda y la música entre los jóvenes, eso se puede conectar socialmente con la posible aceptación del aborto y el infanticidio y actúa para “chequear a la población” y por ello, debería ser controlada y puesta en cuarentena en una nación que desea mejorar su salud demográfica. Esta preocupación demográfica sugerida por Ellis no era algo duro o no razonable, sino que era una forma de protección de la sexualidad anormal para proteger “de los miembros más desprotegidos de la sociedad contra los invertidos”, los niños. Pensemos en lo que está pasando hoy con la exaltación de la homosexualidad, las Gay Pride Parades, o los libros para niños sobre princesas masculinas, príncipes afeminados o sobre familias con niños de hombres o mujeres únicamente… ¡Y todo ello ya lo expusieron von Krafft-Ebing y Ellis hace más de 100 años! Sólo Rusia hoy sigue estos criterios.
Frente a estos estudiosos citados, había otra parte en el terreno embrionario de la sexología que nos ha llevado desde entonces a la moderna tolerancia y promoción de otros comportamientos sexuales. Aquí se puede identificar a los cuatro intelectuales, pensadores y activistas étnicos judíos durante el siglo XIX. Habían nacido en Alemania: Albert Moll, Iwan Bloch, Magnus Hirschfeld y Albert Eulenberg y tuvieron el apoyo de otras figuras judías como Hermann Joseph Loewenstein, Julius Wolf, Max Marcuse y Eduard Bernstein.
A pesar de algunos pequeños desacuerdos entre ellos, estos sexólogos judíos y comentaristas sociales, estaban unidos en avanzar teorías de inversión sexual que se apartasen de las interpretaciones como degeneración, caída demográfica y realidad biológica. En vez de ello, se dirigían a abstracciones que incluían la naturaleza del amor romántico, y la pretendida naturaleza fluida del género y el sexo.
Y como uno puede predecir facilmente, algo que se ve en los trabajos de estos señores sobre este asunto es una preocupación clara y constante por la necesidad de “tolerancia” y pluralismo social, la negación de las diferencias humanas y la fanática oposición hacia los intentos no-judíos de desarrollar una ciencia de la raza. Todo esto fue recogido y aumentado de forma ponzoñosa por la Escuela de Frankfurt en Alemania desde 1922 hasta 1933, en la que sus miembros abandonaron el país para colocarse bajo el manto protector de la Universidad de Columbia en los USA.
Desde que el amigo Volkmar Sigusch ha actuado como teórico y experto en asuntos de política social, ha jugado un papel fundamental en Alemania eliminando leyes que penalizaban la homosexualidad. Hasta 2006, Sigusch dirigió el Instituto de Ciencia Sexual de la Universidad de Frankfurt y su clínica asociada de medicina sexual. En 2005 publicó Neo-Sexuality: “On the Cultural Change of Love and Perversion”. A principios de Marzo de 2011, lanzó su nuevo libro “Searching for Sexual Freedom”. A pesar de no ser judío, estos trabajos revelan que este hombre es hijo espiritual de Moll, Bloch, Hirschfeld y Eulenberg.
Si vemos el panorama actual social y cultural de la sociedad occidental, podemos ver un mayor cambio radical de las medidas indicadas por Ellis. Y más de un siglo atrás desde los primeros esfuerzos de Moll para iniciar la revolución sexual, nos encontramos de nuevo luchando contra los esfuerzos de la sexología judía. Y como he dicho más arriba, sólo Rusia hoy sigue los criterios de Ellis y por ello es atacada, entre otras cosas, por los jerifaltes del sistema occidental. Las relaciones homosexuales se descriminalizaron en 1993, pero Rusia rechaza la celebración en sus calles de la Gay Parade. Además Rusia en 2006 ha introducido una legislación que restringe la distribución de materiales que promocionen la homosexualidad, su estilo de vida y comportamiento a los niños como una extensión de las leyes que protegen a los menores.

Las parejas homosexuales no pueden adoptar niños y no pueden casarse. Mientras Rusia ha sido duramente criticada e incluso multada por la Corte Europea de los Derechos Humanos, el país sigue tercamente los principios de Ellis. Sospecho que Rusia seguirá siendo mostrada como un país que no cumple los “derechos civiles” por los sexólogos y sus lacayos, hasta que caiga en las redes del pluralismo. Veremos cuanto tarda..
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Felipe Botaya

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