Queda claro quien manda.

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Un comentario en “Queda claro quien manda.

  1. LA BUSQUEDA DEL DOMINIO DEL MUNDO, EL PLAN DEL DIABLO:
    «Querido amigo» -me repone Hitler a su vez; «si leemos en Estrabón (1) que ya en su propia época, aún reciente el nacimiento de Cristo, apenas quedaba ya lugar alguno del orbe conocido que no se hallase dominado por los judíos, “dominado”, escribe, no “habitado”; si unas cuantas décadas antes, en el Senado, al viejo Cicerón (2) -que digo yo que no carecía precisamente de poder- le entra tembleque de rodillas cuando en su conocido discurso apologético llega el momento de hacer hincapié en el gregarismo judío y la gigantesca influencia que tiene: “…quedamente me expresaré, con objeto de que únicamente los jueces sean los que alcancen a escucharme. En caso contrario, los judíos me pondrían en la picota en medio de un infierno desatado, tal como suelen hacer con todo varón devoto. No es mi ánimo alimentar su molino…”.

    LOS SACRIFICIOS HUMANOS QUE DENOTAN LA PATERNIDAD DIABOLICA:
    «La táctica judía», dijo Hitler, «ha sido y sigue siendo justamente la de esconder la cabeza bajo tierra como los avestruces, enseñando el trasero y haciendo como si nadie se enterase de lo más mínimo. Desde el momento en que los hebreos irrumpieron en el mundo civilizado, se repite ininterrumpidamente la acusación de que los judíos emplean sangre gentil con propósitos religiosos. En el antiguo Imperio romano, en la España mora, en la España cristiana, en Francia, en Alemania, en Polonia, en Rusia, este rumor se propaga reiteradamente por doquier a lo largo de los milenios con la misma certeza. Resulta sencillamente ridículo catalogar tan tenaces imputaciones, procedentes de tan diferentes pueblos matrices, en calidad de elucubraciones calenturientas. Cae de suyo que los judíos practican tales actos. Con el ceño fruncido niegan haber practicado ese rito en aquellos tiempos. Y Otto Hauser los cree al pie de la letra. No existe el menor motivo, escribe, para dudar de sus solemnes afirmaciones (61). ¿Ah, sí? ¿Y la hija de Jefté? ¿Y los primogénitos de Egipto? ¿Y el diezmo del Señor? Vaya si esto era el ritual de sangre, tal como figura en los libros. Como ya dije, su mala conciencia no delata el asunto de forma tan palpable como lo hace la descarada negación de tales hechos de dominio público».

    LA RUINA HUMANA, FISICA Y ESPIRITUAL QUE FACILITA LA MANIPULACION DE LAS MASAS:
    Hitler: «Y así, mientras estos augures y adivinos continúan interminablemente con su cháchara, una vez que todas las casas, pero claro está, sólo las judías, tengan ya la marca de sangre (8), llegará la noche en que las masas soliviantadas, conducidas por judíos, irrumpirán en el resto de las casas para caer sobre los primogénitos de Egipto (9) de turno, y esta vez no sólo sobre ellos». «¿Qué fue si no lo que pasó aquí en Munich durante la época de los “Consejos”?» -dejo caer yo. «Aunque las casas de los judíos no estuvieran explícitamente marcadas con sangre, tuvo que haber algún tipo de oculta consigna impartida, ya que entre los numerosos registros domiciliarios efectuados ni uno sólo tuvo lugar en casa de un judío. Ante la pregunta al respecto que le hice a uno de los obtusos brigadistas rojos que entonces me tenían bajo custodia, éste se limitó a declarar que las de ellos estaba prohibido registrarlas…».

    «Somos nosotros los que se lo consentimos» -estima Hitler de modo cortante.

    Extraído de la obra de Dietrich Eckart: “Der Bolchevismus, von Moses bis Lenin”.

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