Israel exije eliminar las páginas de Internet que niegan el Holocausto

LIES

LIES (MENTIRAS)

El régimen israelí ha exigido, al término de un foro celebrado en la capital de la Palestina ocupada, Al-Quds (Jerusalén), la implantación de medidas de censura de Internet a escala mundial, alertaron el lunes militantes antisionistas franceses

“Eliminar las páginas de Internet que niegan el Holocausto. Cancelar los resultados de búsquedas que propugnan el odio (por ejemplo, una búsqueda del término ‘judío’ en inglés redirige a páginas antisemitas)”, son algunas de las medidas que impulsa el autodenominado “ministerio de asuntos exteriores israelí” en su página oficial, al término del foro.

El alcance mundial de las pretensiones sionistas se pone de manifiesto con la tercera medida que defiende “combatir la incitación en Internet”“establecer en cada país un organismo para hacer cumplir la legislación y exigir a los proveedores de Internet que hagan cumplir sus reglas contra el alojamiento de contenido de odio”.

Las redes de influencia que defienden el régimen israelí tratan de descalificar a sus adversarios atribuyendo sistemáticamente “odio” a quienes les oponen resistencia, del mismo modo que los tildan de “antisemitas”, por más que carezcan de todo prejuicio racista o simpaticen con pueblos árabes —y, por tanto, “semitas”— como el palestino.

Establecer en cada país un organismo para hacer cumplir la legislación y exigir a los proveedores de Internet que hagan cumplir sus reglas contra el alojamiento de contenido de odio.

Estas redes defienden además una supuesta legitimidad de la ocupación de Palestina imponiendo la creencia en un supuesto plan de exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, conocido como “el Holocausto”, creencia dictaminada por el Tribunal Militar Internacional formado por los Aliados vencedores al término de la Segunda Guerra Mundial para condenar a sus vencidos.

El 5º foro mundial sobre la lucha contra el “antisemitismo” se celebró así en Al-Quds, entre el 12 y el 14 de mayo, con la asistencia de ministros de diversos países: Heiko Maas, ministro alemán de Justicia; Tim Uppal, ministro canadiense de Multiculturalismo(?); Todor Tanev, ministro búlgaro de Educación; y Robert-Marius Cazanciuc, ministro rumano de Justicia.

Adoptar una definición legal formal del antisemitismo. Esta definición incluirá los ataques a la legitimidad del estado (sic) de Israel y la negación del “Holocausto”.

Además de las medidas de censura mundial de Internet, los dirigentes israelíes ponen de relieve otras para combatir el “antisemitismo” en el continente europeo, como “adoptar una definición legal formal del antisemitismo” que incluya los ataques al régimen de Israel y la negación del Holocausto.

“Reforzar la legislación contra el antisemitismo y el entrenamiento de la Policía para hacer cumplir mejor las leyes existentes”, es la segunda; y la tercera, que“los ministros de Educación de Europa deben promover la educación en tolerancia religiosa y preservar la memoria del Holocausto”.

De hecho, distintos países europeos están reforzando ya de modo significativo la persecución política y el castigo de los “delitos” de opinión que ponen en peligro la influencia de las redes sionistas.

Reforzar la legislación contra el antisemitismo y el entrenamiento de la Policía para hacer cumplir mejor las leyes existentes.

En febrero, el Senado italiano aprobó imponer penas de tres años de cárcel a quienes “nieguen el Holocausto total o parcialmente”. Una encuesta difundida en 2005 por el diario británico The Guardian muestra que el 12 % de los italianos cree que “los judíos mienten cuando sostienen que el nazismo exterminó a millones de los suyos en cámaras de gas”.

El nuevo Código Penal español, que entrará en vigor el próximo 1 de julio, impone de uno a cuatro años de cárcel a quienes “públicamente nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan los delitos de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado, o enaltezcan a sus autores”.

Los ministros de Educación de Europa deben promover la educación en tolerancia religiosa y preservar la memoria del Holocausto.

Esto, pese a que en 2007, el Tribunal Constitucional de España declarara anticonstitucional castigar la difusión de ideas o doctrinas que nieguen genocidios, distinguiendo la discusión histórica de la incitación a cometer crímenes.

SE LES CAE EL CHIRINGUITO Y VAN A POR TODAS, ESO ES MIEDO (TERROR) A LA VERDAD. PROHIBIR NO VA A CAMBIARLA (LA VERDAD), AL CONTRARIO, LA REFORZARÁ.

¡A mí no me engañáis!

Kalergi

Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi

Llegan a Europa humildemente, huyendo de unas condiciones  de vida que dicen que son pésimas en su país, con la ilusión de que aquí en Europa -tierra de las libertades y de la abundancia- tendrán un futuro mejor y más prometedor del que podrían esperar  en su tierra natal, empobrecida por la avaricia de Occidente, que mermó sus recursos y se quedó con todo lo quedable y aprovechable que había en su tierra, además de soportar las continuas guerras desatadas por los poderes locales pero con la ayuda o la indiferencia de nuestro mundo civilizado. Traen consigo, evidentemente, sus tradiciones y costumbres y esperan poder seguir  con su vida tal y como antes, sólo que en un país diferente.

   Aquí,  por parte de los gobiernos (europeo, estatal, autonómico, provincial, local, (¡cuántos sueldos y enchufados!), medios de comunicación, ONGS  varias, múltiples observatorios contranosequé, agrupaciones para nosecuanto  y algunos ciudadanos, la respuesta oficial es que están en su derecho de hacerlo. Ya que todos los que aquí vivimos, lo hacemos en unas condiciones de tal prosperidad  en general -es decir, la inmensa mayoría. O sea, casi todos- que podemos y debemos permitírnoslo. Además de admitir de forma tajante nuestra culpa, por ser actores imprescindibles y necesarios en la ejecución de las condiciones que han llevado a las actuales circunstancias en África y Oriente (Próximo, Medio, Extremo)  y que le han hecho abandonar su patria a su suerte y venir a aquí.

Esta es la visión oficial y políticamente correcta -a grandes rasgos-  de lo que estamos viviendo en Europa desde hace ya muchos años y que se ha acrecentado de forma brutal en los últimos tiempos.

Pero a mí no me engañáis.

Para entender lo que está pasando, debemos de tener en cuenta  el sistema  imperante hoy en Europa (y en el resto del mundo “civilizado”), donde da exactamente igual que los gobiernos sean de derechas o de izquierdas, liberales o conservadores, republicanos o demócratas.  Las políticas son a rasgos generales y en esencia -elecciones tras elecciones libres y democráticas- continuadoras unas de otras. Y en lo que sí coinciden -dentro de su marcado materialismo-  es en hacer de la economía su diosa, economía que debería de ser una faceta más del transcurrir, pero que ambos han deificado hasta límites insospechados.  Podemos  ver en España, por poner un ejemplo entre otros muchos,  la modificación de la Constitución para incluir el artículo 135. Y del compromiso con el sistema de los emergente$ qué decir: basta con ver el ejemplo griego,  más privatizaciones y recortes en menor tiempo quizás sea imposible. Y todo para que ¡¡el 95%!! del rescate acabe en manos de los acreedores y para los griegos y su Estado, el 5%.  Socializar pérdidas-privatizar ganancias.

 Durante la –aún no-  pasada crisis, miles de pequeñas y medianas empresas cerraron,  millones de trabajadores fueron despedidos, pero los gobiernos centrales y europeo no ayudaron de ninguna manera a  esas empresas. Sin embargo, con los bancos la cosa fue muy diferente: miles de millones  para cubrir sus pérdidas, para tapar sus agujeros, para premiar su nefasta gestión.  Las empresas pueden caer (dejando en la calle a millones de personas) pero los bancos no (dejando también, a pesar de los ingresos recibidos , en la calle a miles de trabajadores). Aquí ya no atamos los perros con longanizas si es que alguna vez lo hicimos.

La razón de esto es simple y sencilla: el $istema, -es decir; los amos del calabozo- es muy listo: privatiza ganancias y socializa pérdidas. Esta imposición empezó a desarrollarse  desde el  final de la SGM;  la venimos soportando desde hace ya muchos años y ante ella todos los gobiernos se pliegan sin chistar. Todos. Y admitir por su parte ese $istema, colar por el aro de los amos,  es lo que hace posible que todos nosotros (papeleta tras papeleta) tengamos que sufrirlo, dándole a ellos la oportunidad de conseguir sus sueldos-dietas-prebendas-dosis de vanidad-inmunidad ,etc,  ahora. Y después, esos muchos políticos que apoyaron esas políticas tienen su recompensa en puestos de consejeros o asesores muy bien remunerados en las empresas pertenecientes a los mismos grupos a los que pertenecen esos bancos, además de sus pensiones  por haber “trabajado” como políticos durante un lapso de tiempo muy reducido.  O bien, como asesor de tal o cual fundación del partido. O del estado.

Porque no es un secreto eso de que  la empresa independiente pasó a la historia hace ya mucho tiempo;  grandes grupos multinacionales -¿10, quizás 20?- controlan bancos, agencias de calificación, empresas petroleras, alimentarias, armamentísticas, medios de comunicación, etc.  Y los propietarios de esos grupos- cifra aún más reducida- son los que realmente dirigen hoy el mundo en su práctica totalidad, al menos en el hemisferio norte. No los busquen en la lista Forbes (que también les pertenece); no aparecen ahí porque no quieren que conozcamos sus nombres: manteniendo el anonimato resulta más difícil su rastreo.

Y el desarrollo es el siguiente: a través de sus empresas son ellos los que esquilman los recursos de los países , favorecen con sus contactos políticos de alto nivel a un grupo sobre otro en las guerras por ellos provocadas facilitándoles las armas que fabrican sus corporaciones armamentísticas  a la facción  que se atiene a sus directrices y son los responsables e instigadores de que los movimientos migratorios se conviertan en invasiones organizadas en toda regla, obteniendo con ello en los países de acogida  mano de obra barata para sus empresas por un lado,  una bajada de sueldos y condiciones laborales de los trabajadores de los países receptores de esos refugiados por otro  y una destrucción sistemática de los valores de las sociedades encontradas -cuando no enfrentadas;  las diferentes tradiciones chocan unas  con otras- en un multiculturalismo impuesto y propagado  como absolutamente deseable y necesario por los medios de comunicación que también les pertenecen -así como por las oeneges financiadas por sus fundaciones- que solo es un eufemismo canalla de mezcla de todo para llegar a nada, diluyendo las tradiciones de los diferentes pueblos en una sola amalgama incolora, inodora e insípida: con individuos sin raíces ni cultura, fácilmente manipulables al carecer de una Identidad y un conocimiento de la Historia que les oriente (no que les dirija, que es diferente).

Y curiosamente, esos migrantes-refugiados  no encaminan sus pasos a otros países árabes, sino a Europa, donde vienen exigiendo un estricto respeto para sus costumbres pero sin ofrecer un estricto respeto a  las que se han encontrado aquí, pues lo único que pretenden es implantar el Islam allá donde vayan; su religión se lo exige.  Lean el Corán y fliparán con muchas de sus aseveraciones.  Antes de etiquetarme como islamófobio, cosa que no soy, lea el Corán en su totalidad (cosa que he hecho tres veces, es lo que tiene ser heterodoxo), para que no puedan colarle eso tan socorrido de que “se ha sacado de su contexto”.  Cuando lo haya leído completo, hablamos.

¿El plan en su versión extendida? Pues…usted mismo, pero si desconoce este plan, consulte alguna fuente de información fidedigna  y objetiva que no esté  en manos de los amos del calabozo (léase Wikipedia); es difícil, pero se puede conseguir.

   Y entonces -como siempre- las ganancias son para ellos y la acogida de refugiados para nosotros, con lo que esto conlleva en gastos que deben soportar las diferentes administraciones públicas  y con los consabidos recortes –unos pocos mas- que hay que hacer para poder pagar esos gastos, pues es así como lo quiere el sistema;  los pobres cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos y lo que es peor,  cada vez con más poder. Y la clase media desaparecida en combate, aunque para encontrarla no busquen entre los ricos.

   A todo esto le debemos sumar una parte de la ecuación que hoy en día es ocultada –o minimizada- de forma interesada por los medios de desinformación y los políticos buenistas,  correctos y pagados por los amos : las tradiciones de unos y otros chocan al ser culturas diferentes y cuando lleguen los disturbios (que ya van llegando), los amos del calabozo aprovecharán para dar una vuelta de tuerca más -otra más de las muchas que nos han dado sin que el rebaño (entre voto y voto de unas elecciones democráticas….para que todo siga igual tras el recuento) se percate de ello- para reducir nuestra libertad de expresión,  anatematizar con los supuestos delitos de odio (los fiscales podrían leerse el Talmud, el Zohar, los registros del Sanedrín…. a ver qué les parecían) y devaluar la ya devaluada  soberanía de nuestro país, con el objeto de que sea cada vez mas “evidente” que el mundo necesita un único gobierno que vele por todas las culturas y por su integración en un único orden mundial; lo que traducido quiere decir asimilados en lo intelectual en un pensamiento único, guay y tolerante (con las ideas que los amos consideran correctas para que no entorpezcan sus designios)  y en una única corporación en la que algunos tengan la “suerte” de trabajar  en sus diferentes secciones, con unas condiciones laborales de semi-esclavitud,  para conseguir un salario de mierda produciendo lo que quieren que consumamos. Y marcando a los disidentes  con las consabidas etiquetas de nazi, conspiranoico, fascista o sencillamente tarado intelectual. Es fácil y cómodo intentar etiquetar  a los demás cuando se es un ferviente seguidor del dogma de la casualidad. La causalidad parece que  solo es entendida  por los  paranoicos. Y entre guasap y guasap (con unos continuos mensajes ultrasupermega importantes y trascendentes), de forma paulatina y sin que el rebaño se dé cuenta, llegar a una situación en cada país de entrega y colapso en la que cualquier gobierno medianamente comprometido con su Patria y con sus ciudadanos o con unos mínimos valores éticos, jamás hubiese aceptado: esos políticos son siervos  (de lujo, pero siervos) de los amos y están a su servicio, para lo que gusten mandar. Y los que mantienen el chiringuito con su apoyo y/o  sus votos, tan ingenuos que no se dan cuenta de que el problema es el sistema.

Así que dejad de intentar convencerme  a través de vuestras televisiones, periódicos, oenegés financiadas, partidos políticos, observatorios, comisiones,  tertulianos expertos en todo y conocedores de nada y culturetas de estómago agradecido; de que soy culpable de vuestra avaricia, de que el sistema funciona razonablemente bien (aquí en España hasta tenemos o vamos a tener regeneración democrática ¡fíjese usted¡) y de que es justo y deseable lo que sucede en la actualidad.

A mí, no me engañáis.

Juan José Carrión Fdez-Castañón

Al Goldstein: “Cristo apesta”

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Alvin Goldstein

El pornógrafo Al Goldstein: “La única razón por la que los judíos estamos en la pornografía es porque pensamos que Cristo apesta”.

Alvin “Al” Goldstein fue un editor y pornógrafo estadounidense. Su compañía, Milky Way Productions – dueño de Screw y el programa de larga duración de TV por cable Midnight Blue – se inició en 1968 y se fue a la bancarrota en 2004.

Nota de la administración: Por muchísimo menos han sido asesinadas personas por meterse con Mahoma. Suerte tiene este judío asqueroso de que los cristianos no somos musulmanes.

El día que ABC entrevistó a Adolf Hitler.

The last two photos believed to be a genuine Hitler uniform from 1926 because  insignia and awards worn, while the above photos do not.

Hitler en 1926

 El 6 de abril de 1923, Javier Bueno visitó en Berlín al que, por entonces, no era más que un líder fascista desconocido.

«Él sabe cuál es la psicología del pueblo, porque viene del pueblo y sabe cómo se debe actuar para impresionarle». Con esta acertada y premonitoria frase definía el periodista español Javier Bueno(usando el seudónimo de «Antonio Azpeitua») el carácter de un joven y desconocido líder fascista con el que había mantenido una entrevista: Adolf Hitler. Sin embargo, no lo hacía en un diario alemán de la época imposible de encontrar en España, sino en las páginas del ABC del 6 de abril de 1923, un periódico que, en aquellos días, celebraba su 20 aniversario.

Corría por entonces una época dura para Alemania pues, tras haber sido derrotada en la Primera Guerra Mundial, se veía obligada a pagar las llamadas «reparaciones de guerra» a sus antiguos enemigos. El descontento reinaba, rápido y furioso, entre unos ciudadanos sometidos económicamente al yugo extranjero y a una contienda pasada. Esa fue, precisamente, la piedra angular en la que se basaron multitud de movimientos nacionalistas para adquirir simpatías entre la población y esa fue, a su vez, la forma que tuvo un joven y no muy conocido Adolf Hitler de catapultarse hacia el estrellato y ganar adeptos para su recién formado Partido Nacional Socialista Alemán.

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Portada del “Illustrierte Beobachter” de 1926.

Esa Alemania llena de resentimiento fue el lugar seleccionado por Bueno para entrevistarse con un Adolf Hitler que no contaba más de 34 años. Su nombre, al igual que su causa, no era aún más que un trazo de tinta que no había adquirido el significado de hecatombe que tiene en la actualidad. Por ello, el periodista de ABC se limitó a calificarlo como un mero «líder del fascismo bávaro».

No obstante, en el rato que el reportero conversó con él, tuvo la oportunidad de analizar –casi como si pudiera ver el futuro-, sus características más destacadas: «Hitler, falto de cultura y de preparación científica, no puede expresar ideas sirviéndose de conceptos abstractos; por eso recurre al ejemplo simplista, al símil, a la comparación de cosas concretas. Acaso en esto esté su fuerza para impresionar a las multitudes. Afirma rotundamente, sin admitir la duda, sintiéndose poseedor de la verdad absoluta».

Con todo, no hay nadie que pueda contar mejor este encuentro que el propio Javier Bueno:

«La casa de un ex almirante que a falta de barcos de guerra, dirige ahora la sección de política internacional en un periódico de Múnich, fue el lugar elegido para nuestra entrevista con Hitler. Esta casa se encuentra en Bavaria Ring, la gran pradera donde las Sociedades gimnastas y escolares se inician, se entrenan, se adiestran en ejercicios y deportes que tienen un cierto sabor militar. Abril ha tapizado de nuevo la pradera. Cuando puntualmente llegamos a la cita, el ex almirante nos dice:

Escribí a Hitler; pero no sé si mi carta llegaría a tiempo, ni si Hitler estará en Múnich. Es hombre de actividad asombrosa; aparece y desaparece cuando menos lo esperan sus partidarios; nadie puede decir dónde está; surge como un fantasma…

El ex almirante no es uno de esos que aquí llaman rábanos. Los rábanos son los rojos por fuera y blancos por dentro. El ex almirante es francamente monárquico, enemigo de la República y de los hombres que, sinceramente o por razones oportunistas, la defienden, cualquiera que sea el matiz del campo político en que actúen. Aunque su levita de paño negro no tiene galones dorados en las mangas ni anclas en el cuello, sigue siendo almirante. A falta de insignias, conserva el gesto, las frases breves y secas que suenan a órdenes, el apéndice capilar del mentón, complemento reglamentario del uniforme de la Armada.

Mientras Hitler llega, bebemos té y el ex almirante me traza a grandes rasgos la historia del héroe fascista. Tiene treinta y cinco a treinta y siete años; nació en Austria, en la frontera alemana; fue soldado raso durante la guerra; es hombre con rudimentaria instrucción…

Suena un timbre lejano, y llega hasta la estancia el rumor de pasos amortiguados en las alfombras del pasillo.

¡Hitler!– exclama el ex almirante, orgulloso de que el héroe haya acudido a su llamamiento.

Unos golpecitos en la puerta, y sin esperar el permiso de entrada, aparece Hitler. Intentaré su retrato. Alto, ancho de hombros, musculoso, vestido como un funcionario subalterno. Cabeza grande sobre cuello de toro; fuertes maxilares inferiores, ojos azules muy a flor del rostro, que expresan exaltación, violencia, agresividad, ambición, seguridad de dominio. Debajo de una nariz plebeya, cuyas ventanas son exageradamente grandes, el bigote, de cerdas como púas, ha sido reducido al mínimum por el rasurado.

Aunque el ex almirante, al presentarnos, precisó nuestra condición y el objeto de la visita, Hitler nos mira receloso, desconfiado. Al principio, la conversación se entabla entre ellos dos, y mientras, queremos descubrir las cualidades morales e intelectuales del héroe. Hitler parece preocupado, obsesionado por un solo problema: el de obtener recursos para su obra. Se queja de cierto retraso de las sumas que le prometieron para activar el reclutamiento y atender a las necesidades de su gente.

Así no puedo continuar– exclama, imperativo y amenazador-, el tiempo corre, los acontecimientos se precipitan; yo necesito dinero, dinero, mucho dinero…; si no…

El ex almirante intenta calmar su impaciencia.

Sí; tendrá usted todo el dinero que necesite. Esos señores comprenderán que es urgente…

Cuesta trabajo conseguir que Hitler abandone el tema del dinero para explicarnos su programa, su ideología, sus métodos redentores. Cuando al fin lo logramos, Hitler se convierte en un torrente de oratoria violenta, tempestuosa, atronadora. Su odio furioso va todo contra el marxismo, el marxismo de la derecha y de la izquierda. El conoce el marxismo porque fue socialista. Los procedimientos que los adversarios burgueses del marxismo emplearon hasta ahora para combatirle le parecen absurdos y torpes. El sabe cuál es la psicología del pueblo, porque viene del pueblo y sabe cómo se debe actuar para impresionarle. Hitler, falto de cultura y de preparación científica, no puede expresar ideas sirviéndose de conceptos abstractos; por eso recurre al ejemplo simplista, al símil, a la comparación de cosas concretas. Acaso en esto esté su fuerza para impresionar a las multitudes. Afirma rotundamente, sin admitir la duda, sintiéndose poseedor de la verdad absoluta.

Con los antiguos oficiales, los estudiantes y los trabajadores que fueron soldados me basta para mi obra.

Su obra proyectada es hacer que resucite el espíritu de 1914 en el pueblo alemán. Y está convencido de que, aplastando al marxismo, resurgirá lo que desapareció entre los escombros de la catástrofe. Evolución de ideas, contraste de principios, aparición de otras fuerzas, todos estos factores no entran en los cálculos de Hitler. Tampoco toma en consideración circunstancias que han modificado y cambiado el sentimiento de la unidad nacional ni las escisiones y antagonismos que para nosotros son evidentes.

Y en cuanto al crítico momento presente, Hitler no propone un remedio; se contenta con gritar en la plaza pública la gravedad de la situación. Un alemán de espíritu muy sutil y cultivado nos había dicho: «La actuación de Hitler en el momento presente puede representarse así: Hay un enfermo muy grave, y, cuando todas las autoridades científicas estudian su mal y buscan el plan curativo, llega a la habitación del paciente un mozo de cuadra y empieza a vociferar desde el balcón: ¡Se muere! ¡Ya casi no respira! ¡Está en las últimas! Y el vocerío y el escándalo pueden acabar con las últimas energías del enfermo».

Hitler, que posee potentes cuerdas vocales, se ha puesto de pie, y la estancia es pequeña para el estruendo de su palabra y la agitación de sus brazos. A cada momento tememos por la vajilla que está sobre la mesa, y en cada instante esperamos ver llegar a la vecindad alarmada. Con el rostro congestionado, los puños que golpean a enemigos invisibles, evoca el momento de la guerra contra los que se le opongan. Las enormes ventanas de su nariz parecen oler ya la sangre…

Ha terminado la entrevista. Mientras nosotros nos ponemos el sobretodo, Hitler se cuelga una pistola que había dejado a manera de bastón o paraguas en el perchero. Salimos a la calle. En la esquina está su automóvil.

Si quiere usted, le llevaré adonde se proponga ir– dice. Y luego añade: –Pero debo advertirle que a mi lado se corre algún peligro.

Acepto su ofrecimiento -contesto-; más temo perderme en este barrio que no conozco.

Por el camino me pregunto: ¿Cuál es el grado de la influencia que este hombre ejerce y dónde?»

Imbéciles totalitarios.

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Debe de ser que se les ha aparecido Alá, el Clemente, el Misericordioso, para recordarles que el fútbol no goza de su clemencia y su misericordia, como ya explicó en su día a Mahoma y éste plasmó en el Corán. Y por eso tienen que asesinar a los pervertidos que osen prestar atención a tan demoníaco deporte. Y, para no ofender al Clemente, al Misericordioso, sus fieles, o simplemente aquéllos que tengan la suerte de vivir en los lugares dominados por los más virtuosos de sus fieles, no sólo han de tener cuidado con lo que juegan o lo que ven en la tele, sino también con lo que comen, y con lo que beben, y con lo que rezan, y con lo que aman, y con lo que leen, y con lo que escriben, y con lo que dicen, y con lo que piensan.

Cuando la influencia de Mahoma se junta con la de Marx (Karl, claro), el resultado acaba siendo digno de su primo Groucho. Así lo demostró Saparmurat Atáyevich Niyázov, presidente del Partido Comunista de Turkmenistán y autoproclamado Turkmenbashi (Líder de los Turcomanos) al conseguir dicho país la independencia tras el desplome de la Unión Soviética. Entre otras medidas, el amado líder prohibió la ópera, el ballet, el circo, los perros, el pelo largo y los dientes de oro por considerarlos ajenos al espíritu nacional turcomano; cambió los nombres de los días de la semana y de los meses por referencias a la historia de Turkmenistán y, sobre todo, a él y a su difunta madre; y su imagen adornó no sólo los billetes y las botellas de vodka, sino que presidió la capital, Asjabad, bajo la forma de una enorme estatua recubierta de oro que giraba automáticamente para que el rostro presidencial estuviese siempre cara al sol, con perdón. También escribió un libro, el Ruhnama, base de la educación desde primaria hasta la universidad, cuyo conocimiento se requería para conseguir desde una plaza de funcionario hasta el carné de conducir. Pero su mayor logro fue interceder en marzo de 2006 directamente ante Alá, el Clemente, el Misericordioso, para que los estudiantes que lo leyeran tres veces tuvieran garantizado el acceso a las huríes. Y como premio, hacia ellas partió de forma repentina en diciembre de aquel mismo año para desesperación de sus súbditos, que hicieron interminables colas para llorar y desmayarse ante su ataúd.

Pero bien haríamos los españoles en no reírnos demasiado de estos asuntos aparentemente tan exóticos, pues bien cercanos tenemos algunos casos que nada han de envidiar a los recién mencionados. Por ejemplo, aquel titán del pensamiento –y fundador de una ideología seguida hoy por cientos de miles de vascos– que se llamó Sabino Arana estableció entre los deberes del buen nacionalista el de “no cantar ni ejecutar música genuinamente española ni tomar parte en bailes al uso español”. Incluso solicitó a la Diputación vizcaína que estableciese impuestos sobre los instrumentos que, como el piano de manubrio, el violín, la guitarra y la bandurria, envilecían el carácter de las romerías vascas. Tres meses después de muerto el Maestro, sus discípulos dejaron bien claro en su periódico Patria que “el baile agarrao hay que rechazarlo con firmeza, porque está prohibido por Dios”.

Por Cataluña las cosas andaban parecidas con la sardana. De ser una danza local desconocida y objeto de mofa por parte de los barceloneses, pasó a constituir un tótem tribal desde que Cambó concentró en la capital las principales coblas ampurdanesas con ocasión de las fiestas de la Merced de 1902. La santificación fue rápida y eficaz: Lluís Millet, el fundador del Orfeó Català, se opuso a que la sardana fuera divulgada fuera de Cataluña porque “ha de ser nuestra y de nadie más. A ella, la digna, nos la harían indigna”. Algunos años después, el periódico catalanista La Tralla, en un artículo titulado “A las niñas catalanas”, les recomendó:

Sigamos, pues, así; bailemos sardanas y hagamos bueno y práctico el título de Baile Nacional Catalán. Rechacemos de ahora en adelante todos los demás bailes importados por gente extraña a Cataluña y huyamos de donde no se baile únicamente la sardana.

Un tercio de siglo más tarde la obsesión de nuestros separatistas por conseguir una población clónica seguía vivita y coleando. Por ejemplo, el 1 de abril de 1933 el periódico nacionalista Jagi-Jagi reclamaba en grandes letras a sus lectores:

Habla siempre en vasco. Viste como vasco. Come como vasco. Vive como vasco. Gobierna como vasco. Piensa como vasco. Juega como vasco. Obra como vasco. Es la manera de hacerte independiente.

No crea, sin embargo, progresista lector, que las cosas mejoran con el tiempo. Quizá cambien las palabras, los enfoques, las preferencias, detalles secundarios al fin y al cabo. Pero la esencia fanática de todos los totalitarios, en cualquiera de sus variantes políticas, religiosas o nacionales, sigue intacta. Muy reciente es, por ejemplo, el cartel publicitario de la Plataforma per la Llengua en el que, para vivir plenamente en catalán, los promotores aconsejan a los ciudadanos hacer todas las actividades de la vida en lengua catalana, incluidas las que no tienen nada que ver con la lengua: embriagarse, imaginar, acariciar, cantar, abrazar, chillar, viajar, berrear, estudiar, endulzar, cotillear, solidarizarse, silbar, evolucionar, soñar, leer, mentir, comer, alucinar, respirar o reciclar. Por si pudiera quedar alguna duda, las dos últimas recomendaciones evidencian que el objetivo de la campaña no es lingüístico, sino político: independizarse y luchar.

Da igual que la excusa sea la voluntad imaginada de tal o cual dios, las esencias de tal o cual nación, los torcidos derechos de tal o cual lengua… El problema es siempre el mismo: el plebeyo afán de los más serviles integrantes de la manada por obligar a todo el mundo a formar parte de la manada, la incurable imbecilidad de los totalitarios de todo pelaje y suodiosa incapacidad para dejar a la gente en paz.

JesúsLainz