Israel: Con Trump, la idea de un Estado palestino está terminada.

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El aún candidato republicano a la presidencia de EE.UU., Donald Trump y el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, posaron para una foto en la Torre Trump de la ciudad de Nueva York el pasado 25 de septiembre.

Bajo el mandato del nuevo presidente de EE.UU., Donald Trump, la idea de un Estado palestino está superada, ha declarado el ministro de educación israelí, Naftali Bennett.

“La victoria de Trump es una oportunidad para que Israel renuncie de inmediato a la idea de un Estado palestino, lo que perjudicaría nuestra seguridad”, ha afirmado Bennett.

Ha enfatizado que “esta es la posición del presidente electo de EE.UU… La era de un Estado palestino ha terminado”

Trump prometió a Netanyahu reconocer a Al-Quds (Jerusalén) como capital israelí.

El entonces candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, reconoció a Al-Quds (Jerusalén) como la capital israelí.

Trump prometió al primer ministro del régimen de Israel, Benyamin Netanyahu, que si ganase las elecciones presidenciales de EE.UU., durante su mandato reconocería a Al-Quds como “la capital indivisa” de Israel.

Durante el encuentro a puertas cerradas de más de una hora celebrado en la Torre Trump, en la ciudad de Nueva York (noreste), el magnate estadounidense manifestó al primer ministro israelí que solamente se alcanzará la paz en Oriente Medio cuando “los palestinos renuncien al odio y la violencia y acepten a Israel como el Estado Judío”.

El régimen israelí alega que Al-Quds es su capital, no obstante, pocos países lo aceptan, y la mayoría de las naciones mantienen sus embajadas en Tel Aviv. En caso de que se ejecute la propuesta de Trump, la política de Washington sobre el tema palestino israelí registraría un giro significativo.

Las autoridades del régimen de Israel han aprobado este miércoles la construcción de 463 viviendas ilegales en la ocupada Cisjordania.

No es la primera vez que Trump muestraba su postura proisraelí. También en marzo pasado, dijo que de ser elegido presidente de Estados Unidos, movería la embajada de su país de Tel Aviv a Al-Quds. Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha advertido de la necesidad de tomar “medidas urgentes” para evitar una realidad de un solo Estado con ocupación y conflicto perpetuos” para palestinos e israelíes.

Asimismo, la ONU contempla dos puntos muy conflictivos, como “principales restricciones” para acabar con el sufrimiento del pueblo palestino. El primero es la ocupación de los territorios palestinos por el régimen israelí, iniciada desde la Guerra de los 6 Días en 1967 y, la segunda,  el mínimo interés político para resolver la polémica solución de dos Estados que, de acuerdo con el informe, es la razón por la que Palestina no se desarrolla social ni económicamente.

Además destaca la situación de la Franja de Gaza como uno de los motivos que obstaculizan una paz entre Palestina e Israel, además de expresar su esperanza de que la mencionada región asediada y la ocupada de Cisjordania, pronto estarán “bajo un Gobierno palestino único, legítimo y democrático”.

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9 comentarios en “Israel: Con Trump, la idea de un Estado palestino está terminada.

  1. El poder en la sombra de la hija de Trump y su influyente marido judío:


    Ivanka Trump y su marido, Jared Kushner – GTRES

    Corría la primavera de 2009 cuando la pareja formada por Ivanka Trump (35 años), heredera de un imperio inmobiliario valorado en 4.000 millones de dólares, y el financiero judío Jared Kushner (35) anunciaron su compromiso matrimonial. «Jared y yo somos muy similares, los dos somos muy ambiciosos. Eso convierte nuestra relación en algo único. Es importante tener a tu lado a alguien que te apoya en ese aspecto», confesó por aquel entonces Ivanka a «The New York Times». Tres meses después, el 17 de julio y con ella convertida al Judaísmo, se casaron en una espectacular ceremonia en el Trump National Golf Club en Bedminster (Nueva Jersey).

    Aquel fue un enlace de ensueño y un espléndido escaparate para la novia. Vera Wang la vistió de encaje y tul, a la manera en la que Grace Kelly dio el «sí quiero» a Rainiero de Mónaco en la década de los 50; lució joyas que ella misma había diseñdo y lanzado al mercado bajo su rúbrica; y contó con la presencia de dos estrellas de cine entre los 500 invitados, Natalie Portman y Russell Crowe, además de políticos y empresarios.

    Siete años más tarde, padres de tres hijos de corta edad (Arabella Rose, Joseph Frederick y Theodore James, nacido el pasado mes de marzo) la pareja ya puede dormir tranquila: la elección de Donald Trump como el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos ha colmado sus aspiraciones. Y ellos han tenido mucho que ver en semejante éxito. Ivanka, por insistir a su padre para que contara con el asesoramiento de su marido. Y Kushner, porque ha demostrado ser un firme vículo entre Trump y la comunidad judía norteamericana, cuyo poder nadie cuestiona.

    Pero ¿cómo son realmente los Kushner? ¿Cómo funciona esta pareja cuya alargada sombra llegará hasta la Casa Blanca? La inmensa riqueza que ambos acumulan es su emblema de poder. Los Kushner, bajo el liderazgo del padre de Jared, Charles, es la propietaria de la compañía del mismo nombre que ha amasado millones de dólares edificando en Nueva Jersey. Sin embargo, en el 2004, sufrieron el acoso del que fuera entonces abogado del Estado, Chris Christie -hoy gobernador de Nueva Jersey, del que se dice que no ha sido elegido vicepresidente por su mala relación con la familia política de Trump-. Charles Kushner fue acusado de malversación de fondos, evasión de impuestos y contratar prostitutas en una suerte de vendetta familiar contra su hermano Murray. Tras confesar su culpabilidad, fue sentenciado a dos años de prisión. Jared, que por aquel entonces tenía 24 años de edad, se hizo cargo de los negocios de la familia. Cabe señalar, a modo de inciso, que en su día el periodista Daniel Golden acusó a Jared y a su hermano Joshua de haber sido admitidos en Harvard después de que su padre hiciera una donación de 2,5 millones de dólares a la Universidad.

    Chris Christie siguió ejerciendo una presión implecable sobre los Kushner y el joven Jared vendió sus propiedades en Nueva Jersey y se estableció en Manhattan, concretamente en el 666 de la Quinta Avenida de Nueva York. Con la mirada puesta en los medios de comunicación, el que sería futuro marido de Ivanka compró el venerado periódico «New York Observer», cuya línea editorial ha sido especialmente favorable a Donald Trump durante toda la campaña electoral.

    Curiosamente, ha sido Kushner quien más ha contribuido al empuje de Trump entre la minoría judía, sin tener una experiencia previa en la política. Convertido en uno de los asesores principales de su suegro, Jared le ayudó a prepararse ante el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) el pasado mes de marzo y consiguió suavizar la mala relación entre Trump y la presentadora de Fox News Megyn Kelly.

    Después que Ivanka demandara a su progenitor la cabeza de Corey Lewandowski, como manager de su campaña, este se la sirvió en bandeja de plata. Jared se convirtió en el hombre en la sombra. Su influencia se solidificó e hizo que la revista «Observer» se utilizara como instrumento de propaganda para defender el supuesto anti semitismo de Trump. También fue Jared quien apoyó la candidatura de Mike Pence como Vicepresidente acabando de un plumazo con las posibilidades de Chris Christie, némesis de la familia Kushner en los negocios inmobiliarios.

    La especulación que gira entorno a Ivanka y Jared es enorme, se espera que formen parte del gabinete del presidente y ayer mismo, mientras Donald Trump se entrevistaba con Barack Obama, Kushner recibía su primera introducción en la Casa Blanca por el Jefe de Gabinete Denis McDonough. Los dos fueron vistos caminando por los jardines de South Lawn, lo que despertó la curiosidad de los analistas políticos. El paseo puede ser la primera pista de que tal vez Trump ve a Kushner como su futuro Jefe de Gabinete. No sorprendería a nadie pues Kushner estuvo encargado de los discursos de Trump, se deshizo de Corey y Lewandowski y ayudó a limpiar el nombre de Trump de antisemitismo, mientras organizó una formidable campaña digital en las redes sociales que terminó con su suegro en la Casa Blanca.

    De la madre de Ivanka, la exmodelo checoslovaca, Ivana Trump, poco se ha sabido desde que en 1993 decidiera romper su matrimonio con el magnate tras 13 años juntos y tres hijos en común. Ivana se dedica actualmente a su propia empresa, con una amplia línea de artículos, denominada «Ivana Haute Couture», que abarca perfumes, moda y joyas. Ivana mantiene una relación amistosa con Donald y con sus vástagos. Todos ellos se ven asiduamente y de hecho, Ivanka ejerció como dama de honor en su boda en 2008 con Rossano Rubicondi y sus dos otros dos hijos, Eric y Donald Jr., al igual que Donald, también estuvieron presentes en la ceremonia.

    Pero sin duda, es Jared Kushner el secreto más valioso entre el equipo de Donald Trump, aunque quien sabe si su ambición desmedida no termine destruyéndole a él y su matrimonio con Ivanka.

    Artículo publicado en “ABC” el 13 de noviembre.

    ¡Pero todo esto ya se sabía antes de las elecciones! La cuestión está en que los demás no son mejores. Si hubiesen sido mejores habría ganado otro candidato.

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  2. Más cosas sobre Trump:

    Los antepasados alemanes de Donald Trump
    Así es Kallstadt, el pueblo alemán de los antepasados de Donald Trump:

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    Kallstadt, al suroeste de Alemania, es una pequeña localidad viticultora en la que nació el abuelo paterno del candidato republicano Donald Trump. Foto Daniel Roland (AFP).

    En Kallstadt, un pequeño pueblo alemán rodeado de viñedos, vivían los antepasados de Donald Trump. Pero sus habitantes están más orgullosos de su especialidad culinaria, la panza de cerdo rellena, que del virulento candidato republicano a la Casa Blanca.

    Kallstadt, ALEMANIA. “Si es elegido presidente, esperaremos para ver lo que hace por Estados Unidos y el mundo. Entonces, quizás, coloquemos una placa”, señala sin entusiasmo Thomas Jaworek, el alcalde de Kallstadt, una pequeña localidad de 1,200 habitantes ubicada al oeste de Alemania, y que estos días está teniendo más visitas de periodistas que de costumbre, por el hecho de ser el pueblo de los antepasados de Donald Trump, virtual candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos.

    Incluso Hans-Joachim Bender, antiguo viticultor de 74 años y primo lejano de Donald Trump, dice, tajante, “las tonterías no son lo mío”. “Creo que Hillary es un poco menos… radical”, añade refiriéndose a Clinton, la candidata demócrata, este jubilado que desciende también del otro emigrante célebre de Kallstadt, el fundador del imperio de la salsa de tomate Heinz.

    La familia Trump afirmó durante mucho tiempo que era de ascendencia sueca, para evitar ser blanco de un sentimiento anti-alemán extendido en Estados Unidos tras las dos guerras mundiales y el Holocausto. Pero, en realidad, el abuelo del multimillonario estadounidense, Friedrich Trump, creció en Kallstadt y emprendió en 1885 un viaje a Estados Unidos, con apenas 16 años, para encontrarse con sus hermanas, y dejando simplemente una nota de adiós en la mesa.

    Una vez que llegó a Nueva York, el adolescente emprendió ruta hacia la Costa Oeste de Estados Unidos, donde abrió tabernas en las que ofrecía comida, bebidas y compañía femenina a los solitarios buscadores de oro, cuenta Gwenda Blair, una de las biógrafas de Donald Trump.

    Friedrich Trump americanizó su nombre, que se convirtió en Frederick, y envió a sus hermanas que se quedaron en Nueva York pepitas de oro que invirtieron en el sector inmobiliario, sentando las bases de la fortuna familiar.

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    Conocido como Saumagen, la panza de cerdo rellena es uno de los platillos típicos de Kallstadt. Foto Daniel Roland (AFP).

    “Fuerte y fiable”

    El joven, que se volvió rico, regresó luego a Kallstadt para casarse con la hija de sus antiguos vecinos, Elisabeth Christ, que creció frente a él en la modesta Freinsheimer Strasse, llamada entonces Engelsgasse (Camino de los Ángeles).

    Nostálgicos de su tierra, la pareja intenta instalarse en el pueblo renano. Pero como Frederick no hizo el servicio militar, se vi obligado a regresar a Nueva York, con su esposa a punto de dar a luz, según el historiador Roland Paul.

    “La gente de Kallstadt es fiable y fuerte y es así como me siento: soy fuerte y soy fiable”, se jactaba en 2014 el magnate de las bienes raíces en un documental de Simone Wendel, Los reyes de Kallstadt.

    Trump, que prometió visitar el pueblo en su próxima visita a Alemania, dice estar “orgulloso de su sangre alemana, sin ninguna duda”. Pero el sentimiento no es siempre recíproco. Kallstadt, tierra del vino blanco y del senderismo, evoca poco a su descendiente, y ninguna calle lleva su nombre.

    “Demagogo”

    La verdadera celebridad local es la panza de cerdo rellena (Saumagen), que da su nombre a una serie de pintorescos locales como la Bodega de la panza de cerdo, el Bar de la panza de cerdo y el Paraíso de la panza de cerdo.

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    Iglesia de Kallstadt, el pueblo del que migró en busca de la prosperidad hacia Estados Unidos el abuelo de Trump. Foto Daniel Roland (AFP).

    Detrás del mostrador del Paraíso, Edelgard Kellermann, de 62 años, admite sonriente que el fenómeno Trump atrae a turistas y “evita que nos aburramos demasiado”.

    Pero su sonrisa se desvanece cuando le preguntan sobre el proyecto de Trump de construir un muro antiinmigrantes en la frontera con México o sobre los ataques contra la política de acogida de refugiados de la canciller alemana Angela Merkel.

    “El señor Trump desciende de un refugiado, sus antepasados huyeron por razones económicas, en busca de una vida mejor. A él le fue bien y debería dar a los demás la misma oportunidad”, argumenta este comerciante, que califica al candidato de “demagogo”.

    Kallstadt acogió el mes pasado a sus primeros solicitantes de asilo, una familia siria de cuatro personas “que vivió durante mucho tiempo en campos de refugiados”, señala el alcalde. “Es algo bueno y estamos muy contentos”, agrega.

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    Calle principal de Kallstadt, municipio de apenas 1,200 habitantes. Foto Daniel Roland (AFP).

    © Agence France-Presse

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  3. Más cosas sobre Trump:

    Los antepasados alemanes de Donald Trump:

    En Kallstadt, un pequeño pueblo alemán rodeado de viñedos, vivían los antepasados de Donald Trump. Pero sus habitantes están más orgullosos de su especialidad culinaria, la panza de cerdo rellena, que del virulento candidato republicano a la Casa Blanca.

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    Kallstadt, al suroeste de Alemania, es una pequeña localidad viticultora en la que nació el abuelo paterno del candidato republicano Donald Trump. Foto Daniel Roland (AFP).

    Kallstadt, ALEMANIA. “Si es elegido presidente, esperaremos para ver lo que hace por Estados Unidos y el mundo. Entonces, quizás, coloquemos una placa”, señala sin entusiasmo Thomas Jaworek, el alcalde de Kallstadt, una pequeña localidad de 1,200 habitantes ubicada al oeste de Alemania, y que estos días está teniendo más visitas de periodistas que de costumbre, por el hecho de ser el pueblo de los antepasados de Donald Trump, virtual candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos.

    Incluso Hans-Joachim Bender, antiguo viticultor de 74 años y primo lejano de Donald Trump, dice, tajante, “las tonterías no son lo mío”. “Creo que Hillary es un poco menos… radical”, añade refiriéndose a Clinton, la candidata demócrata, este jubilado que desciende también del otro emigrante célebre de Kallstadt, el fundador del imperio de la salsa de tomate Heinz.

    La familia Trump afirmó durante mucho tiempo que era de ascendencia sueca, para evitar ser blanco de un sentimiento anti-alemán extendido en Estados Unidos tras las dos guerras mundiales y el Holocausto. Pero, en realidad, el abuelo del multimillonario estadounidense, Friedrich Trump, creció en Kallstadt y emprendió en 1885 un viaje a Estados Unidos, con apenas 16 años, para encontrarse con sus hermanas, y dejando simplemente una nota de adiós en la mesa.

    Una vez que llegó a Nueva York, el adolescente emprendió ruta hacia la Costa Oeste de Estados Unidos, donde abrió tabernas en las que ofrecía comida, bebidas y compañía femenina a los solitarios buscadores de oro, cuenta Gwenda Blair, una de las biógrafas de Donald Trump.

    Friedrich Trump americanizó su nombre, que se convirtió en Frederick, y envió a sus hermanas que se quedaron en Nueva York pepitas de oro que invirtieron en el sector inmobiliario, sentando las bases de la fortuna familiar.

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    Conocido como Saumagen, la panza de cerdo rellena es uno de los platillos típicos de Kallstadt. Foto Daniel Roland (AFP).

    “Fuerte y fiable”

    El joven, que se volvió rico, regresó luego a Kallstadt para casarse con la hija de sus antiguos vecinos, Elisabeth Christ, que creció frente a él en la modesta Freinsheimer Strasse, llamada entonces Engelsgasse (Camino de los Ángeles).

    Nostálgicos de su tierra, la pareja intenta instalarse en el pueblo renano. Pero como Frederick no hizo el servicio militar, se vi obligado a regresar a Nueva York, con su esposa a punto de dar a luz, según el historiador Roland Paul.

    “La gente de Kallstadt es fiable y fuerte y es así como me siento: soy fuerte y soy fiable”, se jactaba en 2014 el magnate de las bienes raíces en un documental de Simone Wendel, Los reyes de Kallstadt.

    Trump, que prometió visitar el pueblo en su próxima visita a Alemania, dice estar “orgulloso de su sangre alemana, sin ninguna duda”. Pero el sentimiento no es siempre recíproco. Kallstadt, tierra del vino blanco y del senderismo, evoca poco a su descendiente, y ninguna calle lleva su nombre.

    “Demagogo”

    La verdadera celebridad local es la panza de cerdo rellena (Saumagen), que da su nombre a una serie de pintorescos locales como la Bodega de la panza de cerdo, el Bar de la panza de cerdo y el Paraíso de la panza de cerdo.

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    Iglesia de Kallstadt, el pueblo del que migró en busca de la prosperidad hacia Estados Unidos el abuelo de Trump. Foto Daniel Roland (AFP).

    Detrás del mostrador del Paraíso, Edelgard Kellermann, de 62 años, admite sonriente que el fenómeno Trump atrae a turistas y “evita que nos aburramos demasiado”.

    Pero su sonrisa se desvanece cuando le preguntan sobre el proyecto de Trump de construir un muro antiinmigrantes en la frontera con México o sobre los ataques contra la política de acogida de refugiados de la canciller alemana Angela Merkel.

    “El señor Trump desciende de un refugiado, sus antepasados huyeron por razones económicas, en busca de una vida mejor. A él le fue bien y debería dar a los demás la misma oportunidad”, argumenta este comerciante, que califica al candidato de “demagogo”.

    Kallstadt acogió el mes pasado a sus primeros solicitantes de asilo, una familia siria de cuatro personas “que vivió durante mucho tiempo en campos de refugiados”, señala el alcalde. “Es algo bueno y estamos muy contentos”, agrega.

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    Calle principal de Kallstadt, municipio de apenas 1,200 habitantes. Foto Daniel Roland (AFP).

    Miércoles, 15 de junio de 2016

    © Agence France-Presse

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  4. El artículo de Guy Sorman de “ABC” del pasado 17 de agosto, sobre el por qué no habrá paz en Palestina; la lucha continua entre judíos sionistas, judíos mesiánicos, judíos laicos y palestinos:

    “Durante mucho tiempo el Estado de Israel se ha interpretado como un campo de disputa interminable entre judíos y palestinos. Pero las detenciones de integristas judíos, sospechosos según el Gobierno de cometer actos terroristas, muestran una fractura al menos igual de dolorosa entre judíos laicos y judíos mesiánicos. Los judíos laicos y los palestinos de la OLP podrían llegar a un acuerdo de paz basado en una división del territorio, y en acuerdos económicos y estratégicos. Sabemos que los judíos mesiánicos se oponen, y que, al considerar a los judíos laicos apóstatas, se enfrentan aún más a ellos. Entre estos dos pueblos judíos es imposible cualquier discusión racional: viven en una misma tierra, pero no habitan el mismo planeta mental. Los judíos laicos ponen sus esperanzas en la paz y la prosperidad, mientras que los mesiánicos se preparan para el fin de los tiempos, que consideran inminente. El ardor y la violencia de los colonos mesiánicos no es solo territorial, pues el «celo» que los habita no es de este mundo. Esta división del pueblo judío no es reciente: cuando los romanos, en el año 70, se apoderaron de Jerusalén controlados por los zelotes, eran numerosos los judíos –entre ellos el historiador Flavio Josefo– que vivían lejos del Templo, pues consideraban que el judaísmo era un mensaje para el mundo, y no para una franja de tierra. Del mismo modo, los sionistas modernos que no eran ni son místicos, dudaron antes de elegir Palestina: en el siglo XIX, Argentina, Uganda y Madagascar fueron considerados también como posibles refugios contra las persecuciones antisemitas. Recordemos que Thedor Herzl, fundador del sionismo, no era religioso, que David Ben Gurión era un socialista ateo y que Benjamín Netanyahu no es muy devoto. Hoy en día, los judíos en la Diáspora, especialmente en Estados Unidos, Francia y Argentina, no sienten la necesidad de partir hacia Israel y son tan numerosos como los israelíes. El judaísmo no coincide, pues, con la tierra de Israel, y no se da ese caso desde hace 2.500 años, incluso si Israel sigue siendo fundamental en el hecho judío, bien sea por fe o por solidaridad.

    Frente a los sionistas, y cada vez más opuestos a los judíos de la Diáspora, estos judíos mesiánicos tienen raíces lejanas: los zelotes, que prefirieron morir antes que ceder el Templo a los romanos, y los «sicarios», últimos vestigios de la resistencia que se suicidaron en la fortaleza de Masadá en el año 75, antes que rendirse. Pero el mesianismo contemporáneo tal y como se manifiesta actualmente en Israel es de creación reciente, surgido en lo esencial de las sectas yidddish de Brooklyn: esos integristas judíos que van y vienen entre Nueva York y Jerusalén comparten una exaltación y una espera comunes con las sectas protestantes evangélicas estadounidenses que les apoyan. Desde la reunificación de Jerusalén, en 1967, estos mesiánicos, poco numerosos cuando nació el Estado de Israel, porque lo percibían justamente como ateo, han partido a su conquista: sus efectivos aumentan sin cesar gracias a la inmigración, la colonización y la superabundancia de sus hijos. Es sabido que, al ser Israel una democracia, es imposible gobernar sin el beneplácito de los partidos religiosos que los representan. Sobre el terreno se puede comprobar que los mesiánicos se reagrupan para constituir sus enclaves fortificados, que se convierten en algo distinto de la geografía laica. Los laicos viven sobre todo en la costa mediterránea, mientras que los mesiánicos ocupan las montañas orientales y penetran cada vez más en territorio palestino. De día en día, Jerusalén pasa a estar bajo el control de los mesiánicos: los habitantes de Tel Aviv dudan en acudir allí, mientras que los mesiánicos ya no van a Tel Aviv, tierra pagana, según ellos. Esta división del país se hace perceptible, incluso para los no iniciados: basta con viajar de la costa a las colinas de Judea para comprobar que la ropa cambia, la vestimenta ligera del Mediterráneo cede progresivamente paso al uniforme negro de los mesiánicos, con medias de lana en cualquier estación impuestas a las mujeres y a los niños, que casi no pueden elegir: Israel, al este, está en vías de talibanización, y las yeshivas son equivalentes a las madrasas coránicas.

    Hasta estas últimas semanas, la solidaridad entre todos los israelíes, si no todos los judíos, superaba esa fractura interna y los gobiernos mantenían una fachada de normalidad. Pero es previsible que este frágil ensamblaje entre laicos y mesiánicos ya esté roto, porque el mesianismo engendra un terrorismo que ataca tanto a judíos laicos como a palestinos. El Gobierno de Netanyahu, al ser de derechas, intransigente frente al mundo árabe e Irán, es evidentemente el mejor situado para denunciar el terrorismo mesiánico e intentar contenerlo, si es que se puede. Basándonos en el modelo histórico del presidente egipcio Anuar El Sadat en Jerusalén en 1978, o de Richard Nixon en China en 1974, cabría imaginar que Netanyahu tendiera la mano a los palestinos moderados para que coexistieran sobre esta tierra un Israel laico y una Palestina laica: los dos juntos se enfrentarían a sus extremistas, locos de Alá y locos de Yavé. Esto parecerá un acuerdo demasiado racional plantado en una tierra fértil para los misticismos: sería, en todo caso, una solución, no profética, para nuestro tiempo. Para el más allá, no se sabe”.

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  5. Por favor, pediría a los comentaristas una inteligente labor de síntesis siempre que sea posible, porque yo al menos -y mucha gente también- no dispongo de todo el día para leer comentarios.

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